jueves, 9 de febrero de 2017

Los Alfaques y la Amistad

La vida da vueltas, muchas. Y el Mountain Bike, no es ajeno a ellas. Quiso el destino que un amigo se nos fuera lejos a trabajar, por lo que no podría salir con nosotros tan a menudo como quisieramos. Pedro, a quien cariñosamente llamo Mazinguer por su apellido, fue destinado por la dirección de su empresa a un puesto allende de los mares, pallá lejos como solemos decir, y no podíamos dejarlo ir sin mostrarle nuestro afecto y cariño.







Así pues, una vez nos enteramos de la noticia, empezaron los movimientos. Jorge y Nico empezaron a organizarlo todo, y a Felix le encomendaron la tarea de diseñar una ruta que acabara en un bar de Telde, por nombre Terderete. A estas que Juanma, también puesto a ello, me preguntó por una bajada en Tecén, y ya puestos, me metí yo también con el diseño de la ruta.....



Recapitulemos. Remonte hasta el Pico. 25 personas. Fin de ruta en Telde. Ruta: Alfaques. Tardé tanto en decidirme como tardaría a un niño si le preguntas si quiere un caramelo. Bajada rápida, algo técnica, pero con tramos que si los haces te dejan un gran sabor de boca, y además, pasas por un marco incomparable de enorme belleza. Debo de decir que la primera vez que fuí, hace ya algún tiempo, la hize toda entera caminando pa´bajo. Y me prometí a mí mismo no volver a ir nunca más. Pero ya sabemos que no se debe de decir aquello de "de esta agua nunca beberé" porque al final bebes y te jartas. Claro que aquella vez no tenía yo "el jeito" que poco a poco, a base de ponerse, prasticá y darse leñazos, he ido cogiendo. En aquella ocasión fuí con el amigo Jose Juan, y le dediqué un post a aquel día.





Así puestos, llegó el día. Allá alrededor de las 8 de la mañana estabamos por debajo de la estación de Guaguas de Telde (para el que nos lea pa´llá lejos, una guagua es un autobús) esperando a la que nos llevaría al Pico. Saludos, abrazos, choques de manos, y hasta algún beso, nos sirven para saludarnos cada vez que nos vemos. Y en esta ocasión no iba a ser menos.  Tras este ritual, que no puede fallar, y sin el cual el salir en bici no sería lo mismo, nos pusimos a jugar a los legos a y a meter las bicis en el angosto espacio que nos ofrecía la bodega de carga de la guagua.

¡jala pa cá! ¡cuidado con el pedal! ¡inclínala un pizco pa mí!


Una vez terminado el puzzle, nos subimos a la guagua y le dijimos al chofer "pa rríba hasta que no pueda más", vamos, al Pico de Las Nieves.





En la guagua ibamos todos hablando de la ruta, del tiempo, de lo que nos esperaba, de otras rutas, bueno... casi todos.....

El PCSMTB en todo su esplendor
Llegados arriba, descargamos las bicis muy rápidamente, las acotejamos para que estuviera todo listo, montando ruedas unos, mirando presiones otros, algunos poniéndose la cámara en la pechera para grabar, otros desayunando, pero todos poniendo todo lo necesario para salir cuanto antes a pisar la tierrita.




Pero claro, no nos podíamos ir sin inmortalizar el momento, y nos sacamos la foto de rigor. 


Yo, que quise introducir en el reverso tenebroso de la fuerza a mi padrino Claudio, le dí el cambiazo cuando no miraba y le quité su 29. Así, el pobre no tuvo "mas remedio" que hacer la ruta con la doble amarilla de 27 mía.... al finalizar la ruta tuve que arrancarsela de las manos... ¡casi no la suelta! Se vé que el lado oscuro "algo" le gustó.

Salimos dirección al Pico de La Gorra, encontrándonos por el camino un numerosísimo grupo de ciclistas, a continuación nos metimos por la Calderilla, y llegamos a la Cruz del Socorro, y por senderos y algún tramo de pisteo fuimos a acabar en la Caldera de los Marteles. Aquí comenzamos la bajada por la pista que lleva a Las Haciendas, tomando un pequeño pero dificilísimo atajo en el camino.













Llegados a la entrada de Los Alfaques Enrique y Fermín decidieron pegarse el tramito bajando a toda leche por la pista de Las Haciendas, y así llegar antes a la Plaza de San Miguel para allí esperarnos echándose un  -ejem-ejem- cortadito.

El resto decidimos bajar por el camino de Los Alfaques. Los que no habían ido nunca se quedaron maravillados con las vistas. Además, en esta época del año está todo verdito, lo que multiplica exponencialmente la espectacularidad de unas vistas ya de por sí maravillosas.

Pero no todo puede ser color de rosa. Al poco de empezar a rodar, Pedro, no el homenajeado, sino otro Pedro (es lo malo de tener más de 30, hay muchos por ahí con tu nombre repetido), notó que llevaba el disco de freno trasero suelto. Amigos, yo por desgracia he tenido casi todo tipo de averías en ruta, incluso he tenido que remendar un pedalier, pero ¿un disco de freno? Y espérate, del tipo que inventó el todopoderoso Chimano, un center-lock de esos..... ¡quién coño va a llevar en la mochila la dichosa herramienta esta! El fallo era que la rueda, nueva por más señas, había sido montada en el servicio oficial de la marca (omitiré el nombre de la tienda por respeto al resto de trabajadores de allí) y el mecánico encargado de ello no apretó el disco de freno. Gracias a Dios que se dió cuenta a tiempo y no tuvo un accidente. Intentamos arreglarla de diferentes maneras, pero, como siempre, al final fué la maña unida a la fuerza de dos señores que peinan canas las que pudieron poner al disco en su sitio.... dos señores de los cuales uno tenía las manos manchadas del aceite de la cadena. Así que le colocamos el disco, pero se lo dejamos a medio funcionar.  Pedro, amigo, mil perdones, de verdad que no me dí cuenta.







Comenzamos la bajada. Como es normal, los que mejor bajan se echaron alante, y Marrero y yo, que acarriábamos la cámara, nos quedamos para el final. Yo que quería ver bajar a Claudio con mi cabra, y Marrero que quería grabar a Pedro, hizimos grupeta con el otro Pedro (el del disco), con Nico, el propio Claudio y con Miguel Angel, al cual yo no conocía, pero que debo de confesar bajó muy bien Los Alfaques para tener una rígida con horquilla desvencejada, frenos mecánicos y un valor que me dejó de verdad sorprendido.




Conforme se acercaba el final del camino, llegando a La Higuerilla, el camino dejaba de tener tanta dificultad técnica y se convierte, poco a poco, en un orgasmo sobre ruedas. Una interminable sucesión de curvas y más curvas que dibujaron en mis compañeros una sonrisa que delataba lo bien que se lo estaban pasando. Al final del camino, donde comienza el asfalto, tuvimos un rápido reagrupamiento, pero cualquiera que pasara por allí diría lo mismo..... "fuerte manaá de toletes .... toos botaos en medio de la carretera con cara de bobo" si... la misma cara que se te queda cuando acabas de ver a tu equipo ganar por la mínima de penalti en el último minuto la copa de Europa.... una felicidad difícil de explicar, a no ser que... a no ser que.... bueno, que hayas bajado los Alfaques.
 

Bajamos a la carretera, que remontamos hasta la altura de Tenteniguada, para tomar el camino de Los Médicos que une dicho pueblo con Valsequillo pasando por El Colmenar.  Un empedrado con cierta dificultad pero como dice cierto amigo "es de primero de MTB", y todos pudimos, exceptuando unas pocas curvas alguno de nosotros, hacer en su totalidad.



Ya en Valsequillo, nos pudimos reunirnos con Enrique y Fermín, y proseguimos el camino hasta La Barrera. Bueno, camino.... aburridísimo asfalto. Lo único que hicimos fué coger velocidad, porque en esa interminable recta de asfalto poco más puedes hacer. Bueno, sí, algo que debíamos de haber hecho, revisar si nos faltaba algo, a Enrique la mochila, sin ir más lejos. Así que dimos vuelta a la altura de Los Almendros, y nos cruzamos bajando con Fermín, su angel de la guarda, que se la había recogido y se la traía para abajo. Yo, por experiencia, sé lo que es volver pa trás a buscar una mochila.....






Ya en la barrera, bajamos en dirección a Tecén, cruzamos la carretera general dirección a Montaña Las Palmas y bajamos al barranco de Tara, con un tramo donde tuvimos un pequeño susto que gracias al Divino quedó en eso, un susto, y rápidamente nos encaminamos al bar........






El almuerzo en el bar fué de los que no se olvidan. Un trato muy atento, una comida muy sabrosa y sobre todo ríos y ríos de bebidas energéticas de la marca del perro verde hicieron que nos lo pasaramos muy bien.

A Pedro se le hicieron varios regalos para que nos lleve siempre en el corazón: unas gafas de ciclismo transparentes (porque donde va el sol no brilla como aquí), una foto compuesta que todos le firmamos para que no se olvide de los amigachos, y un despertador con pulsera para que no se nos vuelva a quedar dormido en una ruta. David, presidente del PCSMTB, reconocía que se quedaban sin su héroe con la marcha de Pedro.



Un pequeño vídeo donde todos "intentamos" estarnos quietos a modo de cápsula del tiempo, de un recuerdo de lo que fué un almuerzo entre amigos.


Por supuesto que en la mesa faltaban amigos, que por diferentes motivos no pudieron estar. No quiero nombrar a ninguno porque estoy seguro que me dejaría alguno atrás.  Pero creo hablar por todos los que estábamos en la ruta o en la mesa te vamos a echar de menos, mucho, muchísimo.  Bueno, en la mesa es como si hubieran estado, ya que los zumitos de cebada que cayeron es como si hubiera estado el grupo al completo.

A continuación, un video que hizo el amigo Marrero para recordar por siempre un día muy bonito, un día en el que la amistad de unos cabras con ruedas quiso homenajear a uno de sus miembros.




Enlace a la ruta "más o menos" en wikiloc





Sirva esta post, con todo mi cariño, para desearle todo lo mejor a Pedro en su nueva andadura profesional y vital, y que recuerde, que en cuanto tenga 3 días seguidos, se venga pa cá pa tirarnos por alguna vereda. ¡Hasta siempre, amigo!



A nivel personal, el que este hombre tuviera que por circunstancias de la vida dejar de salir con nosotros me hizo reflexionar. El mountain bike une. Une muchísimo. Dos perfectos desconocidos al finalizar una ruta ya son más que conocidos. Y si además esa ruta es de estas que yo llamo jugosas, épicas, o por decirlo rápido, que dejan huella, estos dos pasan a ser irremediablemente amigos. Y si encima repites compañía en diferentes ocasiones, este vínculo se hace cada vez más y más fuerte. Pasan a ser amigos, amigos que no dudamos en abrazar en público e incluso besar ¡que coño!, por los que dejamos de hacer esta o aquella ruta con tal de estar un rato juntos, o a los que intentamos llevar siempre en nuestras aventuras. Y es porque nos une una pasión, el ciclismo. Una pasión pura, sana, emocionante e intensa. Además, en cualquier ruta se sufre y se disfruta, en diferentes proporciones según la ocasión, pero estas sensaciones se comparten con el que va contigo, y crean un vínculo que ya es difícil de romper. Por eso escribir estos "testamentos" en el blog, estos posts que dicen los más modernos, aunque me llevan tiempo los hago sin demasiado esfuerzo, ya que solo dejo salir mis recuerdos y los escribo con un poco de cariño y añoranza, ya que como decía, son momentos inolvidables los que uno ha podido ir viviendo con esto de la bicicleta.